Terra Onirica

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COMIENZA EL VIAJE. 

El tecnicismo y la civilización moderna tienden a basar todo sus valores en cosas externas. Cada vez más, el mundo interior del ser humano queda relegado a un segundo o inexistente puesto. El resultado de este cambio de valores, según se ve, está originando una sociedad enferma, neurótica, estresada, desequilibrada. Las patologías nerviosas (al sistema nervioso podemos considerarlo el intermediario entre el mundo exterior e interior) son la nota dominante de la humanidad moderna.

Indudablemente, los sueños ocupan un lugar ínfimo entre nuestros intereses. Paradójicamente, vivimos unas 8 horas diarias inmersos en el mundo onírico, pero en nuestra escala de valores esto no parece tener, en general, la menor importancia. Aunque no existe todavía una explicación definitiva de lo que es exactamente el sueño ¿por qué solamente consideramos como válida nuestra vida en el llamado estado de “vigilia”?.

LOS SENOI

Conforman una etnia de Malasia cuya visión del mundo onírico es radicalmente opuesta a la de las sociedades “civilizadas”. Su propia vida es embellecida y nutrida por los sueños.

Fué el psicólogo Kilton Stewart quien más a estudiado a los Senoi (durante 15 años convivió con ellos) llamándole la atención el papel primordial que juegan los sueños en esta comunidad. Podríamos decir que, para los Senoi, todo gira alrededor de los sueños. Para ellos ése es el mundo real y, cuando están aquí (en el estado de “vigilia”) utilizan y desarrollan muchas de las cosas aprendidas allá (en el mundo onírico).

Cabe destacar, por si tal modo de ver las cosas pareciera “primitivo” que se observa en los Senoi (según constató el Dr. Stewart) la ausencia de crímenes, de violencia, de conflictos armados e, incluso, de enfermedades físicas relevantes, así como de enfermedades mentales. Según el Dr. Stewart, los Senoi han hecho de los sueños una institución social. Los consideran como mensajes de importancia primordial y sacan de ellos una sabiduría que hace que sus relaciones individuales y su vida social sea armoniosa y constructiva.

Los Senoi se esfuerzan en controlar sus sueños, cuyos personajes son, para ellos, tan reales como los encontrados en estado de “vigilia”. Por la mañana cada familia se reune para escuchar el relato de los sueños que ha tenido cada uno, analizarlos y extraer su significado para, en caso necesario, asimilar la lección que de ellos se desprenda. Tras estas reuniones familiares los hombres se concentran bajo la presidencia del Halek, que desempeña el papel de chamán. En el curso de este coloquio cotidiano se comentan los cantos y danzas aprendidas en sueños.

Todos los hombres de la comunidad se esfuerzan por elevarse al estado de Halek, palabra que designa no una función o profesión sino una condición, la de un “hombre de juicio”. Teóricamente todo el mundo puede alcanzar ese estado. A los niños se les anima a que cultiven sus sueños, cuyo sentido les es explicado por los adultos.

La excelencia de las costumbres de los Senoi impresionó tanto a los psicólogos que en algunas universidades norteamericanas se instituyeron cursos de “terapia onírica”. Se han realizado, además, experiencias de vida comunitaria basadas en el modelo del estilo de vida de los Senoi.

UNA ILIMITADA FUENTE DE INFORMACIÓN

En muchas otras culturas el sueño nocturno asumía un papel muy importante y de esto quedan numerosos vestigios.

Robert Luxton aprende de su maestro maya, Pablo Balam, que los jeroglíficos mayas, llamados la “escritura nocturna”, se explican en sueños y visiones que se muestran sólo después de una prolongada contemplación e interiorización de los signos (“si la Divinidad así lo permite”). He aquí algunas de sus anotaciones:

“Y entonces sucedió, tiempo después, que Ahau comenzó a hablarme, comenzó a manifestarse en el sueño, una idea entre ideas, exactamente como Don Pablo me había explicado la escritura nocturna…”
(R.Luxton y P.Balam: “Sueño del Camino Maya” pag.257)

En los relatos bíblicos se observa la capital importancia que hebreos y otros pueblos de Medio Oriente concedían a los sueños. En esos textos contemplamos, básicamente, dos modelos de experiencia onírica: el mensaje directo y el mensaje simbólico.

Homero distinguía los verdaderos sueños (“que nos vienen flanqueando las puertas de marfil”) de los falsos (“que pasan por las puertas de cuerno”).

Los egipcios creían que, durante el sueño, el Ba (cuerpo sutil del alma o la psiquis) se movía en los reinos espirituales fuera de la envoltura física.

En China, hace más de 1000 años, el sabio Tchuan-Tsen, después de soñar que era una mariposa, se hacía la siguiente pregunta: ¿Qué soy yo en realidad? ¿ mariposa que sueña ser un filósofo o un filósofo que sueña ser mariposa?

La anterior reflexión puede considerarse como una forma metafórica de preguntarse si el estado de “vigilia” es verdaderamente más real que el de “sueño”.

Hectoromkara

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